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Se comprobó científicamente que no solo la inteligencia, sino también nuestras emociones, juegan un rol preponderante a la hora de alcanzar objetivos deseados y de desenvolvernos en la vida. Las emociones son una determinada manera de pensar, de sentir y de actuar expresada a nivel psicológico y biológico. Ellas están vinculadas a las creencias y al marco de referencia, es decir a la manera que tiene cada persona de interpretar la realidad. Por eso, para entender el plano emocional, hay que tener en cuenta el contexto de cada uno. Desde hace un tiempo, se habla de la inteligencia emocional como trampolín a una vida más plena, sana y feliz. La psicoterapeuta Ofelia Salgueiro, especialista en el tema, nos explica qué es y cómo alcanzarla.


Para empezar, ¿hay emociones buenas o malas?

Es más correcto hablar de emociones adecuadas (auténticas) y de emociones inadecuadas (sustitutivas o rebusques). Las emociones auténticas son las que se pueden observar ante un estímulo en los animales y en los niños. Estas son miedo, tristeza, rabia, alegría y placer. En cambio, las emociones sustitutivas son aquellas que reemplazan las emociones auténticas, que fueron ignoradas o prohibidas por la educación familiar. Por ejemplo, si la emoción auténtica es la alegría, el rebusque que la imita es la falsa alegría. Entonces, entre ellas se encuentran el falso miedo (la fobia), la melancolía, la depresión, la ansiedad, la culpa, la vergüenza, los celos, la envidia, la angustia, la rivalidad, etc.


¿Cuáles son las funciones de las emociones?

Las emociones son modos de expresarnos y de comunicarnos socialmente, son mensajes no verbales que buscan una respuesta apropiada. Uno de los puntos importantes del trabajo terapéutico consiste en darse cuenta, distinguir y expresar emociones auténticas. La alegría activa la energía y aumenta la motivación para cumplir metas y objetivos; el placer refuerza la autoestima; el miedo protege de situaciones de peligro; la rabia ayuda a confrontar y a decir las cosas que molestan; y la tristeza permite aceptar las pérdidas no solo de seres queridos sino de etapas de la vida, de expectativas y de ilusiones.


¿Las emociones pueden afectar la salud o el rendimiento laboral? 

Si las emociones sustitutivas aparecen de forma reiterada y se prolongan en el tiempo, terminan afectando inevitablemente el cuerpo. Aquello que en nuestro cuerpo se manifiesta como síntoma es la expresión visible de un proceso invisible. La enfermedad es un estado que indica que el individuo en su conciencia ha dejado de estar en orden o en armonía, y esto puede deberse a un mal manejo de las emociones. Lo mismo sucede con el trabajo: van a lograr mejores puestos de trabajo aquellas personas que aprendan a manejar adecuadamente sus emociones. 

 

Entonces, ¿qué es la inteligencia emocional?

Es aquella que nos permite tomar conciencia de las emociones, tanto de las nuestras como de las de los otros. A su vez, permite tolerar las presiones y las frustraciones e incrementar nuestra capacidad de empatía y nuestras habilidades sociales. La inteligencia emocional está conformada por la inteligencia intrapersonal y la interpersonal, y es la integración de ambas. La inteligencia intrapersonal es la vuelta hacia el interior, es decir la capacidad de formar un modelo realista de uno mismo y el acceso a los propios sentimientos, lo que permite distinguirlos y recurrir a ellos para guiar la conducta. La inteligencia interpersonal es la capacidad para el liderazgo, para cultivar relaciones, para resolver conflictos, para comprender a los demás, etc.


¿Cuál es la diferencia con el coeficiente intelectual?

El coeficiente intelectual es un número, una medida que representa de forma convencional el grado de una capacidad. Con el correr del tiempo se ha llegado a la conclusión de que la brillantez académica no lo es todo. El coeficiente intelectual solo contribuye en el 20% de los factores que determinan el logro de objetivos de vida. Hay gente de gran capacidad intelectual que es incapaz de elegir bien a sus amigos o de sostener una pareja; por el contrario, hay gente menos brillante académicamente que triunfa en el mundo de los negocios o en su vida personal. 


¿Se nace con inteligencia emocional o se desarrolla? 

Uno puede tener mayores condiciones naturales y poder sobrellevar las dificultades de la vida de una manera adecuada. Existen cuestionarios en forma de test que evalúan la inteligencia emocional. Generalmente, uno comienza a preguntarse sobre la inteligencia emocional y a querer analizarla cuando aparecen dificultades para lograr objetivos. Aunque nunca es tarde para desarrollarla, a menor edad uno tiene mayor flexibilidad de personalidad y por lo tanto hay más capacidad de cambio. 


¿Funciona de la misma manera en hombres y en mujeres?

Si bien las emociones están más ligadas a las mujeres desde el plano cultural y, en general, las mujeres están más conectadas con las emociones, esto no significa que tengan mejor dominio de ellas. Las dificultades aparecen en ambos géneros por igual.  

¿En qué consisten los cursos o talleres para su desarrollo?

La mejor manera de desarrollar la inteligencia emocional es a través de cursos especializados o con psicoterapia. Los cursos en el Instituto de Psicología Argentino tienen una frecuencia semanal y una duración de dos meses. Apuntan al desarrollo de la inteligencia emocional desde un marco teórico ecléctico, lo que significa saber elegir la mejor técnica para la resolución de algún conflicto o de alguna dificultad. Para una mayor efectividad se hace mucho hincapié en el aprendizaje práctico y vivencial de las técnicas. 

¿Cuáles son sus beneficios en nuestra vida diaria?

Trae muchos beneficios, como adquirir recursos para automotivarse, persistir frente a las decepciones, aprender a controlar el impulso, regular el sentido del humor, evitar que los problemas disminuyan la capacidad de pensar, mostrar empatía. Los resultados se observan en varias áreas: por ejemplo en el trabajo, nos permite tolerar las presiones y tener confianza en nosotros mismos; en la pareja, nos ayuda a comunicarnos correctamente, a comprender al otro, a darnos cuenta de lo que siente y de lo que necesita y también a poder pedir adecuadamente lo que nosotros necesitamos. Tener inteligencia emocional es estar en armonía y en equilibrio con todas las áreas de la vida, desde lo corporal hasta lo mental. 


Y en el caso de no desarrollarla, ¿qué consecuencias puede traer?

Es necesario desarrollarla para prevenir el stress y las enfermedades, como adicciones, depresiones, ansiedad, fobias, baja autoestima, etc. La persona que carece de inteligencia emocional va a tener muchas dificultades para conocerse y para tener buenas habilidades sociales.   


¿Es correcto decir que la inteligencia emocional sería algo así como controlar las emociones? 

Es correcto si por “controlar” entendemos cómo saber manejarlas. En este proceso uno aprende a descubrir, a darse cuenta, a saber discriminar las emociones y a expresarlas de una manera adecuada. El ser humano desde que nace tiene una predisposición natural para sentir y responder con emociones auténticas, y son las figuras parentales (padres o sustitutos) quienes muchas veces enseñan de una manera no consciente los rebusques (emociones sustitutas) y dan como resultado un mal manejo emocional que trae como consecuencia síntomas o trastornos psicosomáticos, dificultades para resolver el estrés de la vida diaria, etc. 


¿Es lo mismo reprimir las emociones?

Cuando hablamos de “reprimir” hacemos referencia a la acción de impedir que se manifieste una emoción, y esto puede funcionar como tapar una olla a presión. Por eso, es mejor hablar de aprender a manejar las emociones y a canalizarlas de una manera adecuada. Lo importante es que la persona cambie conductas inadecuadas que no son útiles para su vida. 


Claves para darnos cuenta si desarrollamos o no nuestra inteligencia emocional:

Pensar en lo que se siente.

Sentir sobre lo que se piensa o imagina.

Tener conciencia de lo que se siente.

Tener control sobre lo que se siente.

Tener motivación sobre sí mismo.

Mostrar empatía.

Tener una influencia emocional positiva sobre el ambiente.

Persistir frente a las decepciones.

Controlar el impulso.

Demorar la gratificación.

Regular el sentido del humor.

Evitar que los problemas disminuyan la capacidad de pensar.

Tener liderazgo sobre la propia vida y la de los otros.

Tener amigos y sostenerlos en el tiempo.

Ponerse en el lugar del otro.

Tener sentido del humor.


 

Asesoró en esta nota: Ofelia Salgueiro. Psicoterapeuta y sexóloga clínica. M.N 33700. Especialista en Análisis Transaccional y Nuevas Ciencias de la Conducta Transpersonales. Instituto de Psicología Argentino INEPA, 4777-6300, info@institutoinepa.com.ar 

 
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