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¿Qué son los sueños? ¿En qué momento se producen? ¿A qué se debe su falta de lógica? ¿Nos hacen bien? Una psicóloga nos responde estas y otras preguntas para entenderlos y sacarnos todas las dudas.

  

Tener sueños o pesadillas por las noches es moneda corriente, tanto que al despertar no solemos darle demasiada importancia y muchas veces ni siquiera los recordamos. Sin embargo, los sueños son un misterio casi indescifrable y apasionante y siempre tienen un por qué. Ellos hablan de nuestro interior y nuestro mundo oculto, por eso recordarlos e interpretarlos nos puede ser de gran ayuda. La psicóloga Amalia Ojea nos brinda las claves para entender un poco más acerca del soñar.

 

Antes que nada, ¿dormir es lo mismo que soñar?

No, soñar es una actividad psíquica y el dormir corresponde al ámbito fisiológico, aunque recién a fines del siglo XIX se comenzó a hacer esta distinción. Sin embargo, las características de los sueños se apoyan en un aspecto en las condiciones que se presten al dormir. No es lo mismo dormir de día o de noche, con o sin luz, cursando un cuadro de enfermedad o sin ella. 

 

Entonces ¿qué son los sueños?

En la antigüedad se consideraba a los sueños como revelaciones de los dioses o de los demonios; eran como premoniciones o advertencias y podían ser engañosos. A partir de trabajos científicos se vuelcan los estudios hacia la propia actividad psíquica. Los sueños son producciones de la vida psíquica provistas de sentido que se manifiestan en forma de imágenes durante el dormir. La mayoría de las veces el sentido no es comprensible porque el sueño por lo general se presenta desfigurado.

 

¿Es cierto que son la vía al inconciente?

Es (Sigmund) Freud el que les da este estatuto. Durante el dormir se inhiben las defensas que mantenemos en guardia en la vida de vigilia y esto permitiría cierto acceso a aquello que está en el orden de lo reprimido. Por eso se presentan como incoherentes o sin sentido. Se tiene que desfigurar el contenido para que podamos tener acceso a él, de lo contrario sería intolerable. Así Freud habla de un contenido manifiesto, es decir, el que recordamos y relatamos una vez despiertos, y un contenido latente, al que podemos acceder a través de un trabajo de análisis del sueño.

 

¿Por todo esto nos resultan tan extraños e ilógicos?

El aspecto de extrañeza estaría dado por la vivencia disociada que experimentamos en ellos: nos soñamos sin vernos, a veces sin sentirnos, pero estamos ahí, son la “otra escena”. Como efecto de la represión se manifiestan como formaciones de lo inconciente, por lo tanto siguen las leyes de condensación y desplazamiento.

 

El desplazamiento se refiere al deslizamiento de una representación a otra. En el sueño se nos aparece determinada imagen que, asociación mediante, la vinculamos con otra y otra, etc.

 

La condensación, en tanto,  se refiere a la posibilidad de aunar en una misma imagen aspectos de otra u otras. Más de una vez soñamos con una persona, sabemos que es ella, pero tiene el pelo de otra, la cara de otra y otro nombre.

 

¿Se puede decir que nos permiten realizar nuestros deseos?

Lo que estaría en conexión directa con el contenido latente es un cumplimiento de deseo. Entendiendo deseo como inconciente, no tenemos acceso a él directamente sino a través de ciertos aspectos que se nos presentan como posibles. En el adulto frecuentemente aparece este cumplimiento de deseo en forma compleja y enigmática, por lo que requeriría de un desciframiento analítico.

 

¿Cuáles son los factores desencadenantes de los sueños?

Existen múltiples factores pero los de mayor influencia son los estímulos sensoriales externos como algún ruido, olor o cambio de temperatura. Lo más probable es que el sueño los incorpore a través de imágenes y se garantice su continuidad evitando despertar.

 

Lo mismo ocurriría con estímulos orgánicos como hambre, sed o un dolor. Otras fuentes son las psíquicas como emociones, ambiciones o preocupaciones del momento, lo que serviría de texto argumental para el sueño. Algo menos evidente son los llamados restos diurnos (vivencias del día insignificantes). Y por último, la vida infantil es una de las fuentes fundamentales de donde el sueño recibe un material que no es recordado en la vida de vigilia.

 

¿Hay distintos tipos de sueños?

Como dijimos antes, nos encontramos con los sueños como realización de deseos, algunos transparentes y directos y otros más enigmáticos. Pero también encontramos los sueños de angustia, que se ligan a los anteriores como realización de deseos, y otros llamados traumáticos, que estarían evocando oníricamente situaciones de traumas padecidos por el soñante. Estos se presentan por lo general de forma recurrente como manera de elaborar lo que nuestro aparato psíquico no pudo en el momento del trauma, ya sea por el factor sorpresivo de la situación vivida o por su intensidad.

 

También están los sueños típicos que se producen con regularidad en la mayoría de las personas, como por ejemplo la turbación por la desnudez, la muerte de personas queridas, volar, nadar, caer o soñar con exámenes.

 

¿El sueño tiene diferentes fases o ritmos?

Fisiológicamente se diferencian dos fases del sueño, la fase NO REM (No Rapid Eye Movement) que no presenta movimientos oculares rápidos, y la fase REM (Rapid Eye Movement) que sí los presenta. El dormir se manifiesta como policíclico, porque varios ciclos se van sucediendo.

 

En principio, de un estado de vigilia pasamos a una fase NO REM, de ahí a una REM, luego nuevamente a una NO REM relevada por otra REM. A lo largo del ciclo va variando la duración de las mismas, se va acortando la NO REM y alargando la fase REM.

 

La fase NO REM permite la restauración del organismo, porque baja la frecuencia cardiaca, se hace más lenta la respiración, baja la tensión arterial con el fin de recuperar energía. En la fase REM se activa el sistema nervioso autónomo (no voluntario) que hace que aumente la frecuencia cardiaca, la respiración, la sudoración, y se produce la actividad cerebral pero con la condición de que no se lleve al acto, es decir el soñar.

 

Podemos soñar que corremos sin correr, que hablamos sin hablar, etc. Aquí también se produce la reorganización del material psíquico o intelectual y la consolidación de la memoria, por eso es tan necesario dormir bien previo a un examen.

 

¿Siempre soñamos?

En principio la respuesta es afirmativa aunque las variantes estarían relacionadas con la edad, la cultura, la predisposición, etc. También es importante el tiempo en que permanecemos dormidos, necesario para la elaboración onírica. Por lo general, las siestas son más cortas y no dejamos de soñar, pero los sueños están más cercanos a las vivencias cotidianas, menos deformados y más ligados a las emociones del momento. 

 

¿Por qué muchas veces no los recordamos?

El hecho de recordar o no un sueño tiene que ver con diversos factores. Algunos son de orden psíquico como mecanismo de defensa frente a situaciones que nos resultarían intolerables, es decir que se produce el olvido por efecto de la represión.

 

Hay otros factores fisiológicos donde según algunos estudios la posibilidad de recordar un sueño está dada porque se produce durante la etapa REM. Si nos despertáramos en la etapa NO REM el recuerdo del sueño es menos nítido, más confuso o directamente no se recuerda. De cualquier forma, el recuerdo no sólo tiene que ver con características personales sino también temporales. Hay épocas que recordamos los sueños más que otras, depende del momento que estemos atravesando y del interés que pongamos en ello.

 

¿Los sueños buenos se recuerdan más que los que causan angustia?

No necesariamente. Lo que hará que sean más o menos recordados tiene que ver con qué estén asociados. Muchas veces aparecen escenas traumáticas vividas tiempo atrás y son elaboradas a través del sueño, siendo recordadas incluso más nítidamente que otras. 

 

¿A qué se deben las pesadillas?

Por lo general las pesadillas se producen en momentos muy vulnerables, ya sea que estemos atravesando un período de duelo o de stress. El grito o el llanto relacionados con las pesadillas se producen en el instante inmediato al salir de la fase REM, ya que esto no sería posible durante el sueño. Muchas veces en un estado límite con el despertar tenemos la sensación de gritar sin poder hacerlo. Si despertamos a alguien que está atravesando una pesadilla hay que hacerlo con sumo cuidado y tardará unos segundos antes de conectarse con el mundo de vigilia.

 

¿Hay una simbología de los sueños que se pueda decodificar de forma universal?

Aún hoy persiste la necesidad de encontrar una simbología universal de los sueños, como si fueran jeroglíficos a la espera de ser develados. Es como si quisiéramos a través de los sueños descifrar los misterios del pasado o tener el poder de anticipar el futuro. Desde una visión científica esto resultaría imposible, la interpretación sólo dependerá de cada uno dando cuenta del mecanismo del aparato psíquico. Si bien puede haber temas universales, dependerá de la elaboración interpretativa de cada individuo.

 

¿Cómo se realiza su interpretación?

Sólo es posible  en el ámbito de análisis con un profesional, porque nos dificultaría la tarea el mecanismo de la represión y determinados elementos interpretativos se perderían a modo de defensa. Freud propuso una forma de interpretación vía asociativa tomando elementos oníricos y no el sueño en su totalidad. De cualquier forma, por más extensa que sea la vía asociativa hay una frontera que no se puede traspasar. No hay simbología posible que represente lo que Freud llama el “ombligo del sueño”.

 

¿Podemos sacar provecho de nuestros sueños para resolver problemas?

No necesariamente, eso sería pensar que podemos controlarlos a nuestra voluntad y son formaciones del inconciente. El provecho que podríamos obtener sería posteriormente a través de su interpretación, lo que permitiría elaborar ciertas situaciones de conflicto en el interior de la vida anímica.

 

¿Cuán importante es recordarlos o prestarles atención para nuestra salud y nuestra vida cotidiana?

La importancia de los mismos se genera al trabajarlos en un análisis como un elemento más de elaboración de situaciones de conflicto. No considero de necesidad el tener que recordar los sueños sino que tiene que ver con un interés personal. Recordemos que durante la etapa REM se reorganiza la información (nuestro cerebro sigue trabajando), por eso un buen consejo sería tomar nota inmediata de los resultados en cuanto despertamos, ya que corremos el riesgo de que al pasar las horas se olvide lo elaborado.

 

Asesoró en esta nota: Amalia Ojea. Licenciada en Psicología. M.N. 19.841. Directora de IADAP (Institución Argentina de Docencia y Asistencia en Psicoanálisis). iadap2002@gmail.com

 

 

 

 
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