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¿Locura por las cirugías?

Eliminar arrugas y cambiar el cuerpo por un ideal de belleza y juventud.

Las cirugías estéticas no siempre son la mejor opción. Cuando verse joven o tener las medidas y características de un cuerpo perfecto se vuelve una obligación, hay algo que está fallando. Charlamos con dos especialistas para saber qué es lo que pasa.


Querer cambiar parte del cuerpo, sacar algo que no nos gusta, poner algo que nos falta, borrar las marcas del paso del tiempo. Las cirugías permiten todo esto y su consumo se convirtió en algo casi cotidiano, pero por qué hacerlo y qué hay detrás de esa decisión es algo importante en lo que se debe ahondar. Querer alcanzar un ideal de belleza (que no es tal en realidad) y detener el tiempo para ser siempre jóvenes, es algo que requiere de reflexión y mirar hacia nuestro interior. Charlamos del tema con Matías Belacortú, cirujano plástico, y Susana Briner, licenciada en psicología.


Si hablamos de cirugías, su consumo ha crecido notablemente en los últimos tiempos, en gente de distintas edades y con diferentes objetivos en mente. Pero hay que diferenciar la cirugía estética de la cirugía plástica. “La cirugía plástica incluye la parte reparadora (cuando es algo más funcional, como una secuela de una quemadura o cicatrices) con la parte estética (cuando no es algo totalmente necesario, sino que se busca porque se quiere mejorar algo determinado)”, explica Belacortú. El motivo de su crecimiento, el cirujano lo atribuye a que hay más información sobre el tema y los tratamientos son más accesibles económicamente.


La edad promedio en la que se realiza la primera consulta es a partir de los 30 años, aunque depende de la causa por la que uno quiera asesorarse. “Por arrugas consultan de los 30 años en adelante, en cambio por prótesis de mamas la consulta se hace de los 20 años en adelante y por adiposidad abdominal se dan muchas consultas después del embarazo”, cuenta Belacortú. 


“Es mucho más frecuente que la mujer se acerque al consultorio, porque busca más la estética que el hombre”, continúa Belacortú. Y agrega que las cirugías más pedidas en este momento son las prótesis de mamas y la lipoescultura de adiposidad localizada, que es la modelación corporal que se hace en el abdomen, en la cola, etc. Respecto a los tratamientos no quirúrgicos, predomina el relleno facial de arrugas.


La cirugía es algo definitivo y tiene que estar indicada para ser realizada. “Primero hay que determinar si se va a mejorar o no el caso. La cirugía siempre es el último paso de un procedimiento, hay otras cosas que se pueden hacer antes de llegar a ella”, aclara Belacortú. “Al consultar, primero hay que ver qué es lo que a vos te molesta para después poder corregirlo, pero no se debe hacer porque te lo diga otra persona”, agrega.


Para Briner, lo primordial es saber para qué se quiere hacer una cirugía, qué se pretende con ella. “La fantasía de mucha gente es que eso los llevará al éxito, a ser otros y lograr un cambio radical en su vida. Por eso, hay que ver a dónde apunta ese cambio y cuáles son las expectativas, porque generalmente es mucho más profundo de lo que parece”, explica. “El cuerpo era más respetado antes, en cambio hoy está muy devaluado y cuando quiero lo cambio. Por un lado, eso habla de un inconformismo con uno mismo y, por otro lado, se ponen en el cuerpo un montón de cosas que en realidad no pasan por ahí”, continua.


Antes de someterse a una cirugía o modificar algo del cuerpo, sería conveniente realizar una entrevista psicológica. El cambio puede mejorar la autoestima y la actitud, pero si hay otro tipo de problemas más profundos y arraigados van a persistir más allá de la cirugía. “Hay una diferencia cuando alguien quiere ese cambio después de haber entendido lo que le está pasando”, opina Briner. 


Buscar respuestas

¿Por qué se quiere cambiar el cuerpo? ¿De dónde surge este fanatismo? ¿Hay una causa? ¿Existe un ideal de belleza? Estas y muchas preguntas más se cruzan por nuestra cabeza al pensar en las cirugías estéticas.


Briner y Belacortú coinciden en que la sociedad, el consumismo y los medios de comunicación fomentan el deseo de llegar a un punto máximo de belleza e imponen el modelo de mujer perfecta según la época. “Es muy común escuchar decir a los pacientes que les gustaría tener cierta parte del cuerpo de tal persona, en general de actrices, modelos, etc.”, comenta Belacortú. “Hoy en día está sobrevalorado todo lo estético, lo superficial y lo efímero”, agrega Briner.


Cuando la presión social es muy intensa o cuando hay una presión de cumplir con determinados ideales de belleza impuestos, uno pareciera estar en falta o incompleto. “No está mal ser bello, el problema es que eso sea una obligación, porque la belleza es algo muy particular e individual. Hoy se acepta menos un cuerpo joven imperfecto que las arrugas de los años”, opina Briner. 


Otro de los motivos desencadenantes es la angustia. “Cuando uno percibe que está pasando el tiempo y su cuerpo está cambiando eso habla de una finitud que causa angustia. Hay personas que necesitan aferrarse a la imagen de juventud, porque no toleran envejecer. La juventud se asocia al poder, a tener mayor libertad para hacer cosas, por eso hay gente que cree que viéndose joven por fuera puede seguir compitiendo a ese nivel”, explica Briner.


Además, esto se siente así porque socialmente la gente grande no está valorada como antes. Sin embargo, hay personas mayores muy aggiornadas o que se jubilan y siguen activas con deportes, actividades paralelas, etc. Para Briner, hay que desterrar el concepto de vejez arcaico: “todo depende de la actitud frente a las cosas, de cómo uno se maneja y de las ganas de seguir adelante; entonces lo estético queda minimizado”. 


¿Hay un tipo de personalidad en el que estos pensamientos se hagan presentes? Para Briner estas personas son inestables emocionalmente, tienen muchas dudas respecto a su propio ser y tienden a deprimirse cuando se ven mal, por eso sobrevaloran la mirada del otro y están pendientes de esa mirada, porque falta una seguridad interna.


Entonces, de una simple cirugía se puede caer en una obsesión complicada. Briner dice que una señal para darnos cuenta es cuando se repiten las cirugías en un punto clave que siempre tiene a la persona disconforme e insiste en que no le queda bien. Para Belacortú, la compulsión en las cirugías depende mucho del médico, que tiene que saber decir que no cuando algo va a ser excesivo o se va a notar demasiado artificial. “El límite está dado por la ética. Uno tiene que evaluar lo que quiere el paciente, lo que se puede hacer y hasta qué punto se puede llegar. No siempre se le puede dar una solución”, aclara.


Sin embargo, Briner sostiene que estas reiteradas cirugías se deben a no alcanzar el objetivo esperado, porque ese objetivo es una fantasía. “Lo que ven en el espejo no es lo que se refleja realmente y lo que se olvida, en muchos casos, es que toda cirugía conlleva riesgos, es una situación de estrés e implica dolor”.


Algunos puntos para prestar atención cuando las cirugías son reiteradas

Cuando no se encuentra lo que uno quiere es porque la búsqueda es errónea y debe ser interna. Hay que indagar dentro de uno mismo y ver cosas que no se quieren ver.

El conflicto suele ser consigo mismo, con la imagen propia y cómo se ven. 

El cirujano debería trabajar interdisciplinariamente con un psicólogo y el paciente debería realizar antes una consulta psicológica.


Nuestros rasgos y características físicas nos distinguen y nos hacen únicos, y las arrugas son marcas de la vida que indican nuestro trabajo y esfuerzo. Por eso, antes de cambiar nuestro cuerpo pensemos para qué queremos ese cambio y qué esperamos mejorar o alcanzar. ¡Busquemos siempre lo que realmente nos haga felices!



 

Asesoró en esta nota: Matías Aguilar Belacortú. Cirujano plástico. M.N. 111571. matiasaguilar1@hotmail.com. Profesional en Spa Belgrano. www.spabelgrano.com.  Susana Briner. Licenciada en psicología con orientación clínica. M.N. 2345. Profesional en el Hospital Borda. susibriner@yahoo.com.ar

 

 

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