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Te contamos los detalles de este espectáculo diferente que invita a cenar en una completa oscuridad y despertar todos los sentidos.

 

El tranquilo hábito de comer puede transformarse en toda una aventura en A ciegas con luz, el espectáculo que ofrece el Centro Argentino de Teatro Ciego, desde hace más de dos años. Hablamos con su directora artística, Luz Yacianci, que también es la cantante del show, para que nos cuente en qué consiste exactamente esta experiencia única.

El Centro Argentino de Teatro Ciego nació en 2008, con el objetivo de romper con el paradigma de lo visual, tan vigente en esta época. “El 80% de los estímulos son visuales, y somos tan dependientes del sentido de lo visual que es un gran desafío poder apagar la luz y hacer que la gente perciba un espectáculo prescindiendo de este sentido”, afirma Yacianci. Y agrega que para todos los artistas que trabajan en el Centro, la oscuridad es la posibilidad de todo, abre al 100% las posibilidades mucho más que el teatro que se ve, porque en la oscuridad uno puede imaginar sin límites. Por eso, estos espectáculos son únicos, porque cada uno imagina algo distinto, lo que quiere y lo que puede imaginar, y termina de completar la obra en su mente.

Como si la oscuridad y la imaginación fueran poca cosa, al espectáculo se suma un menú hecho por el chef Javier Aldape, para ser degustado sin cubierto alguno. Yacianci cuenta que esta experiencia de restaurante en la oscuridad se ha dado en distintos lugares del mundo, pero no incluyen una propuesta artística. “La diferencia es que nosotros queremos que la gente viva el hecho de comer de una forma lúdica, divertida, de experimentar como si fuera la primera vez. La gente se encuentra oliendo la comida y tocándola de una manera como si nunca hubieran comido”.

La gente llega en grupo o en pareja, pero se puede compartir la mesa con otras personas, ya que tienen capacidad para 4 ó 6 comensales. Primero, se degusta la comida y luego se disfruta del espectáculo, en el que sobresale lo auditivo. La música está integrada a lo que es el show teatral con personajes y un claro hilo conductor. Hacia al final, Yacianci, que es la cantante soprano del espectáculo, interpreta música argentina con aires de tango. Pero, no sólo hay ambientaciones sonoras y recursos auditivos, sino que también se perciben distintos aromas y efectos táctiles como brisa, gotas de rocío, etc., que inducen al espectador constantemente.

El menú consta de un plato de siete pasos de distintos sabores y texturas para degustar con las manos, a modo de “finger food”. No hay cubiertos, para que todo sea cómodo, accesible y sin dificultades. Tampoco hay platos, sino que la comida está dispuesta sobre una placa de izquierda a derecha y cada uno se sirve como quiere. El vaso tiene forma de copa, con una base pesada, pero sin pie. Está diseñado especialmente para que en caso de volcarse, el mismo haga el movimiento inverso y vuelva.

La comida que se ofrece a veces cambia, según los productos de estación, pero generalmente el menú se mantiene. Además del tradicional, ofrecen un menú celiaco y uno vegetariano. Nadie se queda afuera, porque en el caso de que alguna persona padezca algún tipo de alergia en particular o que por cuestiones religiosas no coma algo, debe avisar con 24 horas de anticipación y se trata de reemplazar esos productos por otros. “Sin embargo, como vienen muchos vegetarianos a último momento, nuestro menú es cada vez menos carnívoro. No sólo por eso, sino también porque la carne a determinado horario se pone más dura y no resulta tan fácil ni tan rico comerla”, explica Yacianci

¿Cómo pensaron el menú?

Lo que trabajamos en el menú es que haya texturas, aromas y sabores distintos. El menú es muy gustoso, pero, sobre todo, es delicado. Esto quiere decir que buscamos que no sea agresivo ni en su forma, ni en su textura, ni en su tamaño. Por ejemplo, el hecho de que algo sea grande parece más agresivo y uno se prepara distinto frente a algo más pequeño. Son cosas que fuimos descubriendo a lo largo de los años. Respecto a los condimentos, usamos algunos exóticos, pero que no agreden el paladar. También tratamos de usar condimentos ahumados, ya que dan una percepción que confunde. Todo lo ahumado es algo que parece una cosa, pero es otra. Así buscamos que se arme el debate, el juego, que la comida tenga sorpresa (por ejemplo, que sea crocante por fuera y blanda por dentro). El último paso del menú es el postre, que generalmente es el pegajoso, porque tiene que ser parte del juego pegotearse un poco. Pero, en general la comida no es muy calórica ni pesada.

¿Y la bebida?
La bebida esta incluida hasta el final, y puede ser agua, gaseosa o vino. La gente toma más en la oscuridad, porque no se da cuenta. Muchas veces se hacen juegos con el vino, como adivinar qué vino es, qué cepa.

¿En qué cambia la experiencia en sí misma de degustar la comida?
La gente le da un cuidado especial a lo que está comiendo, está pendiente de cada pequeño sabor y se agudiza absolutamente el paladar. Normalmente, cuando vamos a comer a un lugar, charlamos y comemos por inercia, es algo mecánico. Acá olés, tocás con las manos, probás con la lengua, mordés un pedacito, depende de la audacia y la confianza de cada uno. Se descubre primero qué es y luego se prueba, se lo da vuelta en el paladar, se trata de recordar de dónde conocemos ese sabor, se le consulta al que tenemos al lado. Toda la experiencia pasa más por lo gustativo, lo olfativo y lo táctil, y no sólo por el hecho de alimentarse o saciar el hambre.

¿Y cuál es la respuesta de la gente?

Nosotros buscamos que la gente se sienta parte, que se sienta identificada en algún momento; incluso buscamos su participación y su apertura, y lo logramos. La gente pierde el miedo y se siente orgullosa de haber podido hacerlo, porque además, el espectáculo es muy terapéutico, baja mucho la energía, y nos encargamos de que todos se sientan contenidos y atendidos.
Lo que pasa también es que en primera instancia están como alerta, por el hecho de conocer a otras personas en la oscuridad, y cuando termina el espectáculo hasta se intercambian mails. Hay una apertura total en la oscuridad, uno se conoce como persona y conoce al otro sin saber de qué color tiene el pelo, ni lo que tiene puesto, sino desde el habla y algún que otro rose.

Si queremos asistir más de una vez, ¿la experiencia es la misma?
Hay mucha gente que asistió nuevamente y la experiencia es distinta, porque los intereses son distintos, y la expectativa previa al ingreso es otra. En general, en una segunda oportunidad te entregas de otra manera al espectáculo.

El año que viene el proyecto es hacer A ciegas con luz con una sala como restaurant exclusivo para el espectáculo, y la propuesta teatral estará abocada a escenas en distintos idiomas y versiones de temas de musicales.

Donde parece que está todo ya inventado, A ciegas con luz, abre un lugar nuevo para explorar, descubrirnos, y despertar nuestra imaginación y nuestros sentidos dormidos.
Si ya fuíste, contanos tu experiencia, y sino ¿te vas a animar?

 

A ciegas con luz se reestrena el 20 de enero de 2011 (jueves y viernes 21 hs).

 

Asesoró en esta nota: Luz Yacianci, Directora Artística y cantante soprano de A ciegas con luz. Centro Argentino de Teatro Ciego. www.teatrociego.org

 
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