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Las nuevas tecnologías, los celulares y las computadoras nos permiten estar en conexión en cualquier momento y lugar, y nos brindan muchas posibilidades que antes ni siquiera existían. Todos tenemos alguno de estos aparatos tecnológicos, pero no todos los usamos de la misma manera. Hay hombres y mujeres que no pueden “desenchufarse” de ellos, ni al irse de vacaciones, ni al salir del trabajo, ni siquiera a la hora de dormir. Uno de los males de la sociedad moderna es estar las 24 hs. conectados, y esto trae como consecuencia el trastorno de la hiperconectividad. ¿Realmente ganamos tiempo, estamos conectados o perdemos otras cosas de nuestra vida? La especialista Gisela Holc habla sobre el fenómeno y recomienda qué hacer al respecto.

 

La hiperconectividad es la necesidad de estar conectados todo el tiempo a un aparato, ya sea celular, computadora, tablet, etc. El celular que permite sólo hacer llamados y mandar mensajes de texto no genera la misma adicción que aquellos que tienen posibilidad de estar on line todo el día. “Creo que hoy es imposible quedar al margen de la vida cibernética, ya que, de algún modo, implicaría quedar por fuera del sistema. Lo que sí nos podemos plantear es la medida: cuál es el punto justo para no caer en el exceso. El desafío sería encontrar el punto de equilibrio”, afirma Holc.

 
Otra arista es creer que cuantos más canales de comunicación abrimos, más conectados estamos: “Todo depende de cómo definamos la palabra conexión. Si estar conectados significa estar on line y poder acceder a información, entonces es verdad que cuantos más canales de comunicación abrimos, más conectados estamos. Pero si definimos “conectados” como la posibilidad de estar con el otro, saber más íntimamente de otro, no necesariamente sucede esto. Eso implica una comunicación real entre dos personas”, explica Holc.


En realidad, lo que suele suceder es que cuantos más canales de comunicación abrimos, más disociados estamos, con dificultad en integrar diferentes aspectos de nuestras vidas. La intención de abrir más canales de comunicación pareciera ser la solución que muchos encuentran frente a las exigencias actuales.


Respecto a este tema, para Holc hay que establecer una diferencia generacional, ya que no es lo mismo para los adolescentes que para los adultos. “Para los adolescentes, esta es la forma que conocen de hacer sociales, vínculos, amistades. En cambio, los adultos han aprendido y experimentado un modo de relacionarse que, en la actualidad, está siendo modificado. Hay quienes se adaptan mejor a este nuevo modelo y quienes aún prefieren el café con los amigos”.


Pero, ¡cuidado!, porque las redes sociales no son las que fomentan la dependencia, sino quien las usa. “Es como decir que el chocolate engorda, y en realidad el que engorda es quien lo come. Las redes sociales son un medio, una herramienta, y la forma en que son usadas depende de las personas. Son ellas quienes se hacen dependientes o adictas a estas herramientas”, concluye Holc.

¿A todos nos puede pasar?
Las personas hiperconectadas, tanto hombres como mujeres, suelen ser personas ansiosas, que necesitan saber todo ya, que no pueden esperar y que necesitan tener las cosas bajo control.

Los síntomas que despierta esta adicción son ansiedad y angustia al no poder acceder a los aparatos. “Es muy común que estas personas, al olvidarse el celular, se sientan mal o tengan temor a que algo malo les suceda y no se entere nadie. En caso contrario, cuando tienen el celular, están demasiado pendientes de la luz titilante, a tal punto de no poder mantener una charla con la persona que está presente, ya que la interrumpe todo el tiempo para mirar el mail, Facebook, etc.”, cuenta Holc.

Además de los vínculos y encuentros presenciales entre dos o más personas que  se ven interferidos por la hiperconectividad de algún presente, el trabajo y el estudio son las actividades cotidianas que se ven más perjudicadas. Ambas requieren de atención y concentración y la hiperconectividad atenta contra ellas.

Por eso, algunos de los efectos de esta adicción son:

•    La persona se vuelve totalmente hermética y no es capaz de manifestar sus sentimientos, lo que la conduce a la ansiedad.
•    Al obsesionarse con algo, la persona no puede sacar esas ideas fijas de su cabeza.
•    Evita las relaciones interpersonales y pierde la socialización con su entorno.
•    Se alteran hábitos como la alimentación y el sueño, ya que la persona está totalmente sumergida en su adicción.
•    Todas estas sintomatologías hacen que el individuo se vuelva irritable, dependiente, inseguro y que no pueda mantener una interrelación con su entorno.

 

Estas personas se van desconectando, intentan callar al propio cuerpo, anestesiar sus emociones. La propuesta terapéutica apunta a recuperar la sensibilidad, a registrar los indicios del cuerpo y aprender a decodificarlos adecuadamente, para apuntar a la integración del cuerpo y la mente.

Holc propone que pensemos en una búsqueda de equilibrio donde no tengamos que salir del sistema, pero tampoco quedar atrapados en él; donde podamos utilizar estos objetos en tanto recursos y no en tanto adicciones; y donde seamos nosotros quienes utilicemos esos recursos y no los recursos (o empresas detrás) quienes nos utilicen a nosotros para sus propios negocios.

En los tratamientos para resolver la hiperconectividad, primero se trabaja para que la persona reconozca el problema. Se le enseña al paciente a controlar la ansiedad a través de distintas técnicas. El deporte y la buena alimentación también son muy importantes para canalizar la ansiedad.


Consejos para poner en práctica:

•    Reducí los estímulos: cuando estás trabajando en una cosa, apagá las demás. Y si estás en casa, cerrá todo y conectate con otros planes: conversar con tu familia, leer un libro, cocinar, organizar.
•    Apagá el celular: cuando estés en casa o fuera del horario de trabajo, no dejes que la lucecita roja te invite a mirar qué hay de nuevo en tu casilla. Tomar decisiones apresuradas y contestar todo en todo momento puede llevarte, incluso, a errores. Las pausas ayudan a pensar y resolver mejor.
•    Acotá el chequeo de e-mails y de noticias: planificá cuántas veces por día vas a ver el  mail o vas a leer noticias o vas a revisar el Facebook. No es necesario hacerlo todo el tiempo.
•    Si no podés apagar el celular o cerrar el mail algunas horas por día, consultá a un profesional. Pensá que hasta hace un tiempo hacías tu trabajo y eras eficiente sin el aparato.


Tenemos que preguntarnos cuánto estamos dispuestos a sacrificar de nosotros mismos y de nuestros afectos, y en pos de qué lo hacemos. ¡Estamos a tiempo de cambiar!

Asesoró en esta nota: Gisela Holc. Psicóloga. M.N. 24.591 info@hemera.com.ar
 
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