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Hay miles de personas que pasan hambre día a día en distintas partes del país y que necesitan satisfacer la alimentación básica de su familia. Por suerte, también hay personas que trabajan para revertir esta situación y ayudarlos. El Banco de Alimentos es una fundación sin fines de lucro que busca ser un puente entre los que sufren hambre y aquellos que desean colaborar  a través de un canal transparente y eficiente que les garantice que su donación llegará a quienes más lo necesitan. Es el primer banco de alimentos del país y su accionar se concentra en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el Gran Buenos Aires. De esta forma, ayudan a reducir el hambre, gracias a la donación de alimentos aptos para el consumo, que son almacenados y distribuidos por organizaciones comunitarias. Para saber cómo funciona la fundación Banco de Alimentos, charlamos con su directora, Marisa Giraldez.


Lo primero que nos cuenta Giraldez es que el modelo de gestión de los bancos de alimentos nació en Estados Unidos en la década de los sesenta como vínculo entre las empresas productoras y comercializadoras de alimentos y las personas que padecían hambre. La Fundación Banco de Alimentos es miembro fundador de la Red Argentina de Bancos de Alimentos y la Red Global de Bancos de Alimentos. 


Esta última realizó su primera entrega de alimentos en abril de 2001, gracias al trabajo de un grupo de personas preocupadas por el permanente desperdicio de alimentos que se registraba a diario mientras que cientos de familias necesitaban ayuda para comer todos los días. Hoy existen más de 500 Bancos de Alimentos que funcionan en el mundo y que contribuyen a la alimentación de más de 20 millones de personas.


El trabajo de la Fundación consiste en gestionar donaciones de alimentos para que puedan ser entregados a organizaciones, comedores, hogares de ancianos, escuelas y jardines maternales, entre otros. Así ayudan a 563 organizaciones comunitarias de Capital Federal y Gran Buenos Aires que, a su vez, dan de comer a más de 88 000 personas (el 80% de las cuales son niños y adolescentes).


El principal programa de la Fundación es el rescate de alimentos: un programa destinado a solicitar a las empresas donaciones de alimentos aptos para el consumo que, por distintos motivos (como errores de envasado o excedentes de producción), no se comercializan. “También contamos con otros programas que buscan ser un apoyo para las organizaciones sociales, no solo desde lo alimentario, sino también respondiendo a sus necesidades de logística. Además, durante el 2012, se brindaron capacitaciones a muchas de las organizaciones comunitarias que trabajan con nosotros sobre temas como el consumo de frutas y verduras, la buena hidratación, la importancia de la mesa compartida, el armado de menús y la higiene en la cocina”, agrega Giraldez.


“Hace 12 años que trabajamos como organización puente para las personas que padecen hambre y estamos comprometidos con el objetivo de educar acerca de este problema y de la desnutrición”, cuenta Giraldez. La Fundación distribuye 265 toneladas de alimentos mensualmente y en el último año se entregaron 3180 toneladas de alimentos. Además de las donaciones de empresas alimenticias y de servicios, Banco de Alimentos cuenta con más de 130 voluntarios activos.


El hambre en el mundo y en el país

Según datos de la Red Global de Bancos de Alimentos, más de 925 millones de personas no se alimentan de manera satisfactoria. Esto significa que una de cada siete personas está sufriendo hambre. Otros datos muestran que el hambre y la malnutrición son, mundialmente, el primer factor de riesgo para la salud. Cada día, cerca de 16 000 niños mueren por causas relacionadas con el hambre, es decir un niño cada cinco segundos. Aproximadamente el 60% de quienes sufren hambre de manera crónica son mujeres. 


Pero el hambre es un problema para todos nosotros, no solo para aquellos que la padecen en carne propia. La falta de una alimentación adecuada boicotea toda posibilidad de desarrollo humanitario. En la mayoría de los países hay alimentos suficientes para todos. Es entonces el sistema global de cultivo, de distribución y comercialización de los alimentos lo que no nos está sirviendo. Exceso de consumo y desperdicio por un lado, y poca capacidad adquisitiva y falta de acceso a los alimentos por otro, son los principales factores que contribuyen a la inseguridad alimentaria.


Cada año, se desperdician millones de toneladas de alimentos aptos para el consumo. Gran parte de lo que se cultiva, se procesa y se manufactura no llega a ser consumido debido a dificultades para cosechar, pérdidas poscosecha, desechos de productos por vencimiento, sobreproducción, problemas de marketing o decisiones de negocios.


En lo que respecta específicamente a nuestro país, según datos de la Red Solidaria publicados por CONIN, hay en la Argentina 260 000 chicos de 0 a 5 años con algún grado de desnutrición y muere un chico cada dos horas por estas mismas causas. Mientras tanto, 2 100 000 argentinos no tienen asegurada su comida diaria, lo que implica que aproximadamente 330 000 familias argentinas padecen hambre. 


Sin embargo, según la Organización para la Agricultura y la Alimentación de la ONU, Argentina produce alimentos suficientes para satisfacer a 10 veces su población. No se trata, entonces, de un problema de disponibilidad de alimentos, sino de falta de acceso a éstos por parte de los sectores más pobres de la población. 


De acuerdo con el último estudio del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, a pesar de las mejoras macroeconómicas y de la mayor cobertura de los programas sociales de los últimos años, la inseguridad alimentaria sigue afectando a una parte importante de los hogares urbanos del país.  


Empezar el cambio

La manera desigual en que se distribuye la seguridad alimentaria entre sectores, grupos y categorías sociales evidencia cuál es la causa del problema.


Los hogares con niños presentan un riesgo mayor de padecer inseguridad alimentaria que los hogares sin niños. La falta de una nutrición adecuada expone al niño a una mayor vulnerabilidad ante las enfermedades y puede limitar su desarrollo cognitivo y su capacidad de aprendizaje.


A ello se le suma el mayor riesgo que presentan los hogares en condiciones socioeconómicas y socioresidenciales más vulnerables, como por ejemplo pertenecer a un estrato social bajo o vivir en el Conurbano bonaerense o en villas de emergencia y asentamientos precarios.  


Por todo esto, es muy importante educar acerca del problema del hambre y la desnutrición. Por eso, los bancos de alimentos cuentan, entre sus programas, con proyectos vinculados a la educación sobre la alimentación saludable y la buena nutrición. 


Para aportar nuestro granito de arena, podemos ayudar a todos los que padecen hambre y no tienen acceso a una alimentación saludable  a través de las instituciones que abordan esta problemática, como el Banco de Alimentos. A éste se le puede donar alimentos o importes monetarios, y también se puede participar como voluntario para ayudar en las distintas tareas.


Entre sus próximos proyectos, la Fundación busca incorporar a todas las organizaciones que tienen en lista de espera, aumentar la cantidad de alimentos recibidos en forma de donación, aumentar la cantidad recibida de alimentos frescos y sumar más voluntarios que puedan ayudar a distribuir los alimentos a quienes se encuentran en una situación desfavorable para buscarlos. 


¿No les parece importante tomar conciencia acerca de este tema y sumar nuestra ayuda?

Asesoró en esta nota: Marisa Giraldez. Directora General. www.bancodealimentos.org.ar. Donaciones de alimentos: gfantin@bancodealimentos.org.ar
 
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