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El momento de las vacaciones, tanto para los grandes como para los chicos, representa un tiempo de corte, de suspensión de las obligaciones. Y para que  tanto el cuerpo como la mente realmente accedan a ese descanso es importante tomar cierta distancia de la rutina, de los horarios, de los deberes y de los compromisos sociales, entre otras cosas. Para que las vacaciones junto a los más chicos de la casa no sean una batalla campal y podamos disfrutarlas en familia, charlamos con la psicoanalista Adriana Martínez.

 

Para empezar, Martínez aclara que el cambio respecto de la rutina y las actividades cotidianas produce en sí una pequeña revolución en la familia. La forma en que se procese esa transición entre la agitación de todos los días y el tiempo de ocio vacacional depende de la madurez de cada núcleo familiar. También es cierto que vacacionar siempre implica una determinada organización, por más básica que ésta sea. Por ejemplo, hay que llevar innumerables cosas, sobre todo para los más chicos.

 

En las vacaciones los horarios se ven necesariamente alterados. Nadie se acuesta ni se levanta a la misma hora: hay otros estímulos, se hacen otras actividades y se suele pasar más tiempo al aire libre. “No siempre los chicos se acuestan más tarde, a veces lo hacen incluso más temprano que en época de clases, porque llegan rendidos por toda la excitación vivida durante el día. Es común que los horarios se vean desfasados. Lo que hay que tratar de evitar es que sean cambios extremos que alteren la vida familiar de vacaciones. Esto es lo que sucede frecuentemente cuando los hijos ya son adolescentes y vacacionan junto a los padres, pero llevan horarios totalmente distintos”, explica Martínez.

 

En el caso de los niños, es importante encontrar cierto punto medio para que durante el día puedan disfrutar junto a sus padres y no sea prioritario mantener rutinas y “esquemas horarios”.

 

¿Qué hacer?


Si para una familia es posible afrontar el viaje de vacaciones, cualquier destino que contemple actividades para los niños junto con sus padres (en la playa, en la montaña, en la sierra, en los lagos o en una quinta) será atractivo de por sí. Los chicos disfrutan mucho de esos momentos únicos, en los que sus padres no trabajan ni tienen los tiempos contados.

 

Si la familia va a pasar el verano en casa, Martínez aclara que es importante pensar cómo va a hacerlo. “No hay que exagerar. Buscar constantes planes para los chicos puede ser agotador y, por otro lado, les impide un aprendizaje muy importante en la vida que es aprender a manejar y a disfrutar del ocio”, dice.

 

Al mismo tiempo, pensar que los chicos pueden pasar todo el verano en el sillón frente al televisor o a la computadora, tampoco es muy saludable. Esto debe trabajarse todo el año para que no repercuta negativamente en las vacaciones. En el tiempo de ocio hay más tele y más computadora pero si hay acuerdos al respecto que se hayan sostenido a lo largo del año, es posible que el verano no sea el momento de la “adicción”.

 

Algunas buenas opciones para hacer en vacaciones son:


 

  • Reunirse con amigos del colegio, pero para realizar actividades distintas a las que se hacen durante el año lectivo.
  • Buscar una colonia accesible a la realidad económica de la familia y que inspire confianza como para mandar a los chicos (siempre es bueno buscar recomendaciones de otros padres o maestros).
  • Hacerse el tiempo para pasear con ellos, para conocer lugares de la ciudad que durante el año quedaron pendientes por falta de tiempo (lugares de juegos para chicos, museos, el Botánico, parques al aire libre, etc.).
  • Juntarse con otras familias amigas a comer un asado, a ver una película o a distenderse, para que los chicos estén en contacto y puedan jugar con otros chicos y que también vean a sus padres disfrutando.

 

 

Para aquellos padres que se preguntan si los chicos deben seguir realizando ejercicios escolares para practicar y no olvidar lo que más les cuesta, Martínez tiene una postura muy clara. “Esto depende de cada situación, de cómo haya sido el año escolar anterior, de si hay exámenes que rendir o no. Es conveniente consultar con los docentes en cada caso. Es por algo que las primeras semanas de clase en la escuela se dedican al repaso de los contenidos anteriores. Así se ‘reactivan’ las antenas para volver a colocarlas en el proceso de aprendizaje. Hacer de esto un ritual en vacaciones no es conveniente, excepto que medie una situación de evaluación (por ejemplo, en febrero). Si hay que hacerlo es con un objetivo determinado, pero para practicar por practicar ya existe el tiempo en la escuela”, explica.

 

Según la personalidad de los chicos…


Cada padre, tal como lo hace durante el año, debe adaptarse a las características de sus hijos. Además, las vacaciones son el momento en el que, por fin, los hermanos se encuentran porque durante el año cada uno tiene sus horarios, sus actividades y sus amigos. Resulta estimulante (aunque siempre se exagera y se dice que es una carga pesada ocuparse de los chicos en vacaciones) que los padres aprendan a conciliar estilos durante el tiempo de ocio y las actividades familiares.

 

Habrá niños más inquietos, más demandantes, más introvertidos o más inconformes, pero en cualquier caso se trata de “saber hacer” con cada integrante de la familia. “Algunas veces primará lo que quiere un hermano y otras veces, lo que pidió el otro. Aprender a manejar ese tipo de frustraciones es sumamente saludable, además de indispensable como preparación para la vida”, afirma Martínez.

 

No es un buen augurio que los padres teman porque su hijo se aburre con facilidad o porque es muy movedizo, y que entonces las vacaciones se vuelvan una amenaza. Más bien, hay que ponerse a pensar en cómo hacer de ese tiempo una oportunidad para aprender cosas nuevas. En general, se verifica que los niños maduran mucho en los veranos si los padres han podido aprovechar ese tiempo para transmitir y afianzar los valores y los vínculos familiares.

 

¡El tiempo de vacaciones es una excelente oportunidad para crecer como familia!


 

Lic. Adriana Martínez. Psicoanalista (M.N. 38.496) y Coordinadora Asistencial de la Fundación Buenos Aires. www.fundacionbsas.org.ar
 
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