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De repente, un día, vemos en el espejo algunas pequeñas líneas en nuestro rostro que antes no estaban ahí. A partir de los 40 años tenemos que extremar el cuidado de nuestra piel, ya que esta empieza a perder firmeza y elasticidad, dando lugar a que aparezcan las primeras arrugas. Pero, ¿por qué le sucede esto a nuestra piel y cómo podemos ayudarla? La constancia y la rutina serán nuestras mejores aliadas para luchar contra su envejecimiento. La dermatóloga Rita García Díaz nos asesora acerca de este proceso y la piel en edad avanzada.

 

¿Quién no se pregunta por qué envejece nuestra piel?

 

Esto sucede porque la piel sufre el mismo proceso que todo nuestro organismo, reduciendo sus capacidades a medida que pasan los años. Sin embargo, hay dos tipos de envejecimiento cutáneo: intrínseco o cronológico, que está determinado por nuestra capacidad genética o hereditaria para envejecer con mayor o menor velocidad; y otro extrínseco o ambiental, que se debe a la exposición constante al ambiente (sol, calor, frío).


El envejecimiento cutáneo se produce, básicamente, por tres procesos:

•    Alteración de la estructura normal de las proteínas cutáneas, que a su vez dañan otros tejidos.
•    Pérdida aumentada de agua o deshidratación.
•    Acumulación de radicales libres. Los radicales libres son productos tóxicos del metabolismo normal y la piel los elimina mediante los antioxidantes naturales. Es importante tener en cuenta que la interacción entre la luz del sol y la piel produce muchos radicales libres.

En la piel de edad avanzada, se presenta una gran deshidratación al bajar la producción de ácido hialurónico, que es el hidratante natural más importante, perdiendo más agua de la que puede acumular. Así, las fibras colágenas pierden su estructura, se adelgazan y reducen su capacidad de regeneración. A su vez, esto produce sequedad, falta de brillo, falta de volumen, pliegues y flaccidez en la piel.

Todos estos cambios comienzan a hacerse visibles a partir de los 30 años. “Son muy sutiles, pero están presentes. En esa etapa, las células van perdiendo su enorme potencial de crecimiento propio de la infancia, la adolescencia y la primera juventud, y se inicia gradualmente el envejecimiento. Por eso, conviene hacer un tratamiento preventivo desde esta edad en adelante”, explica García Díaz.
 
Pero es alrededor de los 50 años o cuando se instala la menopausia que estos cambios en la piel se acentúan con mayor intensidad. ¿Qué sucede en esta etapa de la vida? La piel reduce su producción de antioxidantes naturales y se acumulan radicales libres que agreden las células. La deshidratación es más intensa, porque la piel falla en la retención de agua. Las proteínas cutáneas se desestructuran y su reparación es muy lenta.

“Esto sucede porque la piel tiene una cantidad de energía para consumir a lo largo de la vida. El reloj biológico no se detiene nunca y, a medida que pasan los años, los mecanismos de reparación son menos eficaces. Por eso son tan útiles los tratamientos hidratantes y anti oxidantes que le dan a la piel energía y mejoran los signos visibles del envejecimiento”, afirma García Díaz. Además, la disminución de las hormonas sexuales propia de la edad acelera el envejecimiento al influir directamente en la retención de agua epidérmica y en la reducción de la cantidad y calidad del colágeno.

El rostro y el dorso de las manos son las zonas del cuerpo más afectadas, porque son las áreas más expuestas a los factores de envejecimiento extrínseco (sol, viento, frío). Para ello, García Díaz recomienda cuidarlas con protectores solares y cremas con antioxidantes e hidratantes. A su vez, se debe tratar especialmente la zona alrededor de los ojos, el dorso de la nariz y la zona superior de las mejillas. La piel de los párpados y de la zona alrededor de los ojos es la más fina y laxa de todo el cuerpo y además está en movimiento continuo, por eso presenta los signos de envejecimiento en forma precoz.

Las afecciones más frecuentes

 
García Díaz explica que las afecciones cutáneas más frecuentes a esta edad son las manchas y la deshidratación, que en caso de ser muy intensa puede estar acompañada de picazón. También el cabello se cae con mayor intensidad y las uñas se vuelven frágiles y escamadas. Además, es muy común la pérdida de brillo de la piel, que se debe a la pérdida de turgencia por la reducción hormonal y al resecamiento.

“El resecamiento de la piel es normal en esta etapa y se acentúa después de la  menopausia. A veces, produce picazón y pequeñas escamas. Se puede prevenir y combatir colocando regularmente, desde la juventud, cremas con hidratantes como el ácido hialurónico”, agrega García Díaz.

La edad de aparición de las manchas es variable de acuerdo al tipo de piel y a la exposición al sol (ya que se deben al daño solar crónico), pero, en promedio, comienzan a hacerse visibles entre los 45 y 50 años. Aunque se observan con mayor frecuencia y en más cantidad en personas de piel clara. Estas son de color marrón claro y se ubican en la cara, escote, hombros, parte superior de la espalda, antebrazos y manos.

Las manchas se tratan con pantallas solares de uso diario, para evitar seguir acumulando daño solar, y con cremas blanqueadoras que deben ser recetadas por el dermatólogo. En el consultorio pueden realizarse peelings o pulidos blanqueadores con diversos ácidos, y la luz pulsada intensa también da muy buenos resultados en el tratamiento de las manchas solares o de envejecimiento.

Cómo cuidar la piel en edad avanzada

 
Para ayudar a la piel de edad avanzada, es importante protegerla del sol, ya que es muy perjudicial porque genera radicales libres; así como también del calor seco (calefacción), del viento y del frío que causan deshidratación.

En lo que respecta a la alimentación, lo más beneficioso es tomar 2 litros de agua por día, mantener una dieta rica en verduras y frutas que contienen antioxidantes naturales como las vitaminas A, C y E; y sumar un aporte básico de proteínas animales (carne, leche, etc.).

Es de mucha ayuda hidratar la piel a diario con cremas desde los 30 años, tanto en invierno como en verano. ¿Cómo deben ser? Principalmente, deben tener antioxidantes e hidratantes. Las cremas más preventivas son livianas, pero, luego de los 50 años, se deben colocar cremas más pesadas, ya que la piel lo necesita.

“A los 40 años, conviene colocarse cremas con retinol y ácido glicólico para prevenir, ácido hialurónico como hidratante, y vitamina C, A y E como antioxidantes. A los 50 años, deben utilizarse, también, las vitaminas y el ácido hialurónico sumados a otros antiage, como los derivados de los silanoles. Todos ellos en conjunto protegen la piel y mejoran su capacidad de reparación. También hay otros antiage que se indican con receta médica”, enumera García Díaz.

No olvidar todos los días de:

•    Realizar una limpieza por la noche con cremas o emulsiones. No usar jabones ni pulidores porque producen mucho resecamiento.
•    Colocar, por la noche y la mañana, una crema hidratante y con antioxidantes.
•    Utilizar un protector solar al aire libre. Hay cremas antienvejecimiento que ya lo tienen incorporado.
•    Si hace frío o el clima es muy seco, colocar una crema hidratante antes de salir.
•    Aplicar un maquillaje de buena calidad en la piel madura.
•    Consultar al médico dermatólogo para realizar tratamientos con cremas recetadas con componentes de antienvejecimiento muy potentes.

Una piel madura correctamente tratada se puede ver luminosa y vital. ¡Empezá desde ahora!

Asesoró en esta nota: Dra. Rita García Díaz. M.N 47860. Médica especialista en Dermatología y Dermatología Pediátrica. Miembro titular de la Sociedad Argentina de Dermatología y docente en la UBA.
 
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