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Una piel saludable es un signo de belleza a cualquier edad, por lo tanto es fundamental conocer nuestro tipo de piel para brindarle el cuidado que necesita en las diferentes etapas de la vida y en todas las épocas del año. La clasificación de los tipos de piel debe tomarse como una guía simplificada y elemental. Una piel sana suele corresponder a diferentes tipos que se superponen y suceden a lo largo del tiempo. Todos ellos son normales.

 

Consultamos a la Dra. Rita García Díaz para que nos oriente sobre consultas básicas que seguramente nos hemos hecho más de una vez frente al espejo.

 


-¿Cualquiera puede identificar el tipo de piel que tiene? ¿Cómo puede hacerlo?


Se puede, pero no es un procedimiento confiable ya que tiene numerosas variaciones de acuerdo a la edad, la época del año, el stress, la actividad que se realice, etc.

En general se dice que al levantarse por la mañana si se pasa un pañuelo de papel sobre la piel…


  • La piel grasa lo ensuciará con secreción en todo el rostro.
  • La piel seca no dejará residuo.
  • La piel mixta ensuciará en la zona t y no en las mejillas.

 

Sin embargo, la manera correcta es consultar a un dermatólogo.

 


Sobre tipos de piel y características

 

Piel grasa: es gruesa, brillante, a veces de color amarillento rojizo. Tiende a tener poros dilatados, puntos negros o puntos blancos que le dan un aspecto irregular como si siempre estuviese “sucia”.


Se debe al funcionamiento excesivo de las glándulas sebáceas ubicadas en el rostro. Es el tipo de piel habitual en la adolescencia y primera juventud. Posteriormente la mayor secreción de sebo facial se va limitando a la frente, nariz y mentón.


La piel grasa puede ser también hereditaria, secundaria a trastornos hormonales, embarazo o al uso de cosméticos inadecuados.

 

Piel seca: tiene bajos niveles de sebo y retiene poco el agua que naturalmente se encuentra en la epidermis. No tiene brillo y puede presentar pequeñas escamas Tiende a enrojecerse y da una sensación de tirantez, especialmente después del lavado con agua.

Está determinada genéticamente y predispone a la aparición precoz de pequeñas arrugas.

El viento, el clima muy seco, las temperaturas extremas, la exposición solar la empeoran así como el uso muy frecuente de jabones muy agresivos.

 

Es el tipo de piel más común en las mujeres adultas mayores y post menopáusicas.

 

Piel mixta o normal: es el de la mayoría de las mujeres jóvenes y adultas. Su textura es suave y el color es uniforme; no tiene manchas ni escamas. Combina una leve grasitud en la frente, nariz y mentón (llamada zona T) con piel tersa con tendencia muy leve al resecamiento en las mejillas y alrededor de los ojos.

Piel sensible: es fina y se enrojece fácilmente, especialmente con cambios de  temperatura, el sol y el viento. Tolera mal los cosméticos y los tratamientos de belleza. Tiene tendencia a resecarse y formar escamas Puede asociarse con cualquiera de los tipos anteriores.

-¿El tipo de piel está relacionado con el factor de envejecimiento?

El envejecimiento de la piel depende de factores hereditarios y factores ambientales. Los hereditarios se manifiestan a lo largo del tiempo. Los ambientales (exposición solar, poca higiene, falta de aporte de antioxidantes, climas muy secos, stress, etc) influyen directamente para acelerar o no este proceso. La piel seca puede mostrar signos de envejecimiento más precozmente que se revierten con el tratamiento adecuado.

-¿Es posible que uno nazca con un tipo de piel y luego cambie a lo largo de su vida?


No sólo es posible sino que es normal que la piel vaya modificándose en las diferentes etapas de la vida.

 

-¿Se puede decir que hay tipos de piel que son más vulnerables que otros?


La piel sensible es sumamente vulnerable y puede ser congénita o presentarse en cualquier etapa de la vida combinándose con la mixta, seca o grasa. Las personas de piel muy clara tienen tendencia a presentar mayor sensibilidad al sol y otros factores climáticos.


 

A grandes rasgos, ¿qué cuidados típicos demandan los diferentes tipos de piel?

 

Cuidados de la piel grasa


  • Buena higiene diaria con lociones de limpieza para piel grasa o jabones especiales. Enjuagar con agua tibia.
  • Cremas pulidoras 3 veces por semana para eliminar el engrosamiento. El pulido debe realizarse con suavidad para evitar el resecamiento excesivo y la irritación que producen un efecto inverso y aumentan la producción de sebo.
  • Humectación diaria con lociones o geles sin grasas o aceites, especialmente por la mañana, sobretodo si la temperatura es muy baja. La piel necesita protección agregada.
  • Como tratamiento en consultorio se aconsejan microdermoabrasiones (pulido físico) y peelings (pulido químico) que dejan la piel limpia, translúcida y turgente.
  • Son ideales los peelings con alfa hidroxiácidos, ácido salicílico o ácido retinoico en concentraciones progresivas que el médico dermatólogo selecciona en cada paciente.
  • Seleccionar siempre productos y cosméticos “oil free”.

 

Cuidados de la piel seca


  •  Higiene diaria con cremas o emulsiones. Pulido muy suave cada 15 días. 
  •  Hidratación y nutrición diaria por la mañana y por la noche.
  •  Tratamiento en consultorio de hidratación y nutrición en los casos de piel extremadamente seca. Pueden combinarse con peelings muy suaves que ayudan a renovar la piel y mejoran la absorción de nutrientes, hidratantes y antioxidantes.
  •  Seleccionar adecuadamente los cosméticos.

 

El cuidado de la piel normal es un equilibrio entre ambas. Un ejemplo es…


  • Higiene diaria con emulsiones.
  • Pulido suave semanal solo en la zona T o seborreica.
  • Hidratación por la mañana.
  • Nutrición por la noche.

 

 

Por último, ¿cómo impacta el invierno en la piel? ¿Qué cuidados básicos se deben tener para protegerse?


El frío y el viento deterioran los mecanismos de protección natural de la piel contra el resecamiento. Hay que ayudarla. ¿Cómo?

 

  • Manteniéndola limpia, hidratada y nutrida.
  • Consumiendo abundante cantidad de agua.
  • Colocando cremas o emulsiones con antioxidantes esenciales como la Vitamina E, la Vitamina C, la Vitamina A.
  • Utilizando diariamente cremas que contengan antioxidantes específicos como los derivados de la carnosina que previenen y tratan el envejecimiento cutáneo.
  • Consumiendo antioxidantes en la dieta diaria.
  • Usando protector solar cuando estamos al aire libre.
  • Tratando de evitar los cambios muy bruscos de temperatura.

 

Asesoró en esta nota: Dra. Rita García Díaz. Médica especialista en Dermatología y Dermatología Pediátrica. Miembro titular de la Sociedad Argentina de Dermatología. Actualmente es Médica Principal del servicio de Dermatología del Hospital J. P. Garrahan y consultora del Departamento de Dermatología y Estética del Instituto Halitus.

 

 
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