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Muchas veces pasamos por alto la protección que nuestras manos y uñas se merecen. Su estado no sólo es indicador de belleza sino también de salud. ¡Basta de piel reseca y uñas quebradizas! Dos profesionales nos aconsejan al respecto.



Las manos son la parte de nuestro cuerpo que día a día, sin importar la estación del año, se lleva todas las miradas. Las exponemos constantemente a jabones, detergentes, quitaesmaltes y miles de productos químicos. Como si eso fuera poco, el frío y el sol también las afectan. No debemos olvidar las uñas como parte fundamental de las manos y que no sólo cumplen una función estética. Evitar la resequedad de la piel de las manos y las uñas quebradizas y amarillentas, entre otras cosas, no es una tarea menor. Charlamos con el dermatólogo Eduardo Pittaro y la manicura Ana Venturo, quienes nos enseñan a cuidarlas.


La piel de las manos se caracteriza por mayor espesor de la cara palmar, lo que  permite adaptar la misma a funciones como el tacto, la aprehensión y el contacto con múltiples sustancias. Su piel es gruesa y elástica para resistir el trabajo al que se ven sometidas. Uno de los principales factores de su resecamiento es la exposición al sol y a temperaturas extremas. “El frío genera cambios vasculares (como vaso constricción, piel azul o pálida) que alteran la estructura normal, dificultan la circulación y son perjudiciales para los extremos de los dedos y las uñas”, explica  Pittaro. Además, el contacto con agua, jabón, detergente y otros agentes desengrasantes generan pérdida de la barrera cutánea grasa normal de la piel.


Frente a esto Pittaro nos aconseja algunos recaudos que debemos tomar para cuidar nuestras manos siempre: 

Usar guantes para el frío es casi imprescindible, sobre todo si nuestra piel es más seca de lo habitual. 

Al lavarlas la temperatura del agua debe ser tibia (similar a la temperatura corporal) y los jabones deben ser neutros. Tanto los ácidos como los alcalinos dañan la barrera cutánea ya que el contacto diario con los mismos se produce varias veces.

El alcohol en gel genera deshidratación y es un potente desengrasante, por ende su uso continuo no se recomienda y para compensar su efecto hay que aplicar continuamente cremas  hidratantes con alto contenido graso. 

Los masajes con cremas son útiles porque mejoran la microcirculación y la penetración de los hidratantes. Deben realizarse diariamente por la noche antes de acostarse. El masaje debe ser desde la parte distal a la proximal (de la punta del dedo hacia la proximidad de la muñeca) durante unos minutos.

Para las tareas cotidianas del lavado, el uso de doble guante (primero de algodón y luego de goma o látex, o guantes con forro interno de algodón) es importante para que el agua y los elementos de limpieza no generen irritación directa ni reacciones de contacto. Los detergentes deben tener silicona o aloe vera para suavizar.


Además las cremas son sumamente importantes para mantener la elasticidad de la piel y que no aparezcan grietas ni fisuras. “Las cremas deben ser aislantes durante el día, esto quiere decir que actúan como si tuviéramos una barrera química que aísla la piel del contacto con el medio ambiente. Generalmente estas cremas son a base de siliconas puras o mezcladas con seda. Y por la noche deben ser hidratantes y nutritivas, con urea o ácido láctico y vitaminas”, aclara Pittaro. Aplicarlas entre una y dos veces por día es lo ideal, aunque también depende de la edad, los factores ambientales y el trabajo que realicemos. 


El sol y la radiación lumínica de las lámparas también causan cambios acumulativos en el dorso de las manos que se van a evidenciar en manchas, fragilidad y cambios en su espesor. Por eso es apropiado el uso de cremas con filtro solar o pantallas, dependiendo de la época y el lugar. Durante el invierno se pueden aplicar cremas con hidratantes que, en su mayoría, también tienen factor de protección.


¿Y las uñas?

En el cuidado de nuestras manos no debemos dejar de prestar atención a las uñas. Estas son placas aplanadas, ligeramente convexas, duras y compuestas de proteínas como la queratina (más dura que la del pelo y la piel). La uña y el pulpejo, es decir la yema, forman una unidad funcional esencial para el tacto y la aprehensión. 


En condiciones normales, las uñas deben ser de superficie lisa, traslúcidas y de color rosa claro. Los cambios en su coloración, por ejemplo a un color amarillento, puede deberse a varios factores como enfermedades metabólicas o endócrinas como también al uso de cosméticos. “Los esmaltes e incluso algunos brillos no son convenientes por sus colorantes, excepto los que tienen aminoácidos”, aclara Pittaro.


Otro problema muy común son las uñas quebradizas. La creencia popular dice que se debe a la falta de calcio, sin embargo Pittaro la desmiente. “La cantidad de calcio que poseen las uñas es casi mínima. Se quiebran por la excesiva sequedad (así como se seca el pelo o la piel) y por todo lo que uno toca. Se van descamando por capas”. Y agrega que hay factores externos como sustancias irritantes o solventes e internos como la menopausia o ciertas enfermedades que alteran la fragilidad de las uñas. La dureza en muchas ocasiones se debe a enfermedades propias de las uñas o por envejecimiento. 


También es importante prestar atención a la formación de hongos en nuestras uñas. Los hongos pueden afectar cualquier parte de la uña: su superficie, la parte distal, proximal o los bordes. Se forman debido a traumatismos químicos o físicos al cortarlas, limarlas, etc. Ante la sospecha de una micosis siempre se debe consultar con un especialista.


¡A la manicura!

Muchas veces una solución para dejar de morderse las uñas es ir a la manicura y arreglarlas. Hay que cambiar el hábito, ya que nadie daña lo que cuida. 


Venturo nos explica los pasos para una buena manicura, que debe realizarse al menos una vez por semana: 


1. Quitar el esmalte con movimientos rectos desde el nacimiento de la uña hacia el extremo.

2. Limar primero el frente para dar el largo deseado y luego redondear los laterales. No hacer movimientos de ida y vuelta sino primero en un sentido y luego en otro para emparejar, porque pueden quebrar las uñas.

3. Ablandar las cutículas sumergiendo los dedos en agua tibia o en aceite para cutículas por unos minutos. Secar bien para que el esmalte se adhiera mejor.

4. Retraer las cutículas con un palito de naranja (de madera con un extremo afinado).

5. Colocar calcio o protector para humectar, aislar la uña del esmalte y evitar que se tiña (con una sola mano basta).

6. Aplicar el esmalte desde el nacimiento hasta el extremo con pinceladas no muy cargadas para no manchar la piel (dos manos son suficientes). 


Es importante recalcar que la cutícula es la piel que protege el nacimiento de la uña y no debe eliminarse totalmente o demasiado seguido. “Esto dejaría expuesta esa zona y podría lastimarse o irritarse por el roce o producirse alguna infección como hongos o bacterias. Además, el cortarlas con frecuencia sólo acelera su crecimiento. Lo ideal es recortarlas un poco o empujarlas hacia atrás”, afirma Venturo. 


Para cortar las uñas Venturo recomienda no usar tijera ni alicate, ya que el impacto del corte puede provocar un quiebre, especialmente en las uñas que están resecas. “Lo mejor es la lima tradicional de esmeril o de papel, que tiene dos caras: una para realizar el pulido grueso y la otra para suavizar el limado. También se pueden usar limas diamantadas que, si bien son metálicas, tienen un proceso que produce un limado muy fino, casi imperceptible. Y existen otras llamadas de cristal, que son de una especie de acrílico de aspecto esmerilado”. 


Respecto de la forma que le demos al momento de limarlas hay que tener en cuenta el tamaño de la mano y el largo de los dedos para buscar armonía. “Si los dedos son cortos y/o anchos conviene hacer formas ovales o redondeadas para estilizarlos; y si son largos y/o delgados es mejor darles formas chatas o más cuadradas”. Y agrega que si las uñas se levantan en laminillas lo mejor es limarlas por encima hasta unificar con la misma. “En su longitud es preferible mantener un largo mediano y parejo que ver una mano con uñas muy largas y otras cortas porque se quebraron.”


Los esmaltes son sumamente importantes no sólo para la estética sino también para la salud de las uñas. Por eso debemos prestar atención a la fecha de vencimiento, y revisar que estén fluidos y no espesos. Su conservación debe ser en lugares frescos o en la heladera, y no hay que dejarlos reposar demasiado tiempo para que sus componentes no se separen. Si nos vemos en la obligación de diluirlos es mejor hacerlo con alcohol que con quitaesmalte, ya que este se evapora más rápido. En caso de hacerlo tenemos que colocar un poco más de producto en el pincel para una buena cobertura.


“Un truco para que el esmalte seque rápido es pasar las uñas por debajo del chorro de agua fría, y para que dure más lo mejor es usar guantes cuando hacemos tareas del hogar, ya que los productos que usamos tienen sustancias abrasivas que desgastan o levantan el esmalte”, afirma Venturo.


Pero tener las uñas siempre pintadas ¿es malo?. Venturo explica que al estar continuamente pintadas no reciben oxigenación, por eso es importante dejarlas descansar. Además, los esmaltes deben ser de buena calidad, oleosos y no contener acetona, ya que produce resecamiento. Pittaro recomienda evitar los esmaltes con tolueno (un agente químico muy irritante) y reemplazarlos por los que tienen celulosa, que es menos abrasiva y son hipoalergénicos. El quitaesmalte también debe carecer de acetona pura y poseer vitamina A, E o calcio, que protegen la queratina y la mantienen más humectada. 


Venturo también recomienda realizar una exfoliación de uñas: “consiste en un barrido de células muertas que quedan depositadas sobre ellas y les quitan brillo y suavidad. Esto puede hacerse con cremas especiales que contienen pequeños gránulos como arenilla o con mezclas caseras como limón y azúcar o aceite y azúcar, realizando masajes circulares; y luego lavando y humectando.”


Por todo esto, las cremas tampoco pueden faltar a la hora de cuidar las uñas. “Podemos aplicar cremas hidratantes o nutritivas que tengamos para la piel, especialmente con contenido de colágeno o ceramidas. Y hay algunas especialmente para uñas a  base de cistina (aminoácido) y vitamina B6. También se pueden hacer baños con aceite de almendras tibio o pasarlo con un algodón sobre cada uña para otorgar mayor flexibilidad y resistencia”, concluye Venturo.


Limpias, suaves, tersas y saludables. ¡Así lucirán ahora tus manos y uñas! Vos ¿cómo las cuidás?


 

Asesoró en esta nota: Eduardo Pittaro. Médico dermatólogo. M.N. 55.114. Hospital Pirovano. ehpittaro@yahoo.com.ar. Ana María Venturo. Cosmetóloga y manicura. amv24@fibertel.com.ar 

 

 

 

 
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